Hace ya 20 años que terminé los estudios de Luthería en el Conservatorio de Música Juan C. Arriaga de Bilbao. Y a partir de entonces comencé a desarrollar mi oficio, restaurando instrumentos y arcos, mejorando el sonido de violines mediante el sistema de afinación de las tapas sueltas…
Y poco a poco mi trabajo se fue centrando en la construcción de instrumentos . Concretamente Violines y violas
Pero llegó un momento en que sentía que ni la luthería tradicional, ni lo que se sabe de la física aplicada al violín era suficiente para entender en última instancia el funcionamiento del violín
A partir de ahí comenzó mi búsqueda y me centré en el estudio de la geometría de Antonio Stradivari
Encontré relaciones matemáticas entre los arcos de circunferencia de la estructura de los violines, que me hablaban de que existía un patrón, una idea que subyace en la forma
Y por otra parte encontré en el estudio del diseño de las catedrales góticas francesas información muy sugerente sobre el empleo histórico de la proporción aúrea y proporciones de intervalos musicales en la arquitectura
Se abría para mi un mundo de arquetipos y simbolismos en el que todo era nuevo para mi. Y se me hacía irremediablemente críptico. No terminaba de encontrar las respuestas que buscaba
Hasta que me topé con Dominique Susani. Me matriculé en un curso que daba de “TRAZADOS REGULADORES”.
En realidad no sabía exactamente de lo que trataba. Digamos que por aquél entonces me puntaba a un bombardeo en mi ávida búsqueda de respuestas
Durante el curso, Dominique me comentó que conocía una persona que llevaba años investigando sobre el empleo que hizo Stradivari de los trazados reguladores para diseñar sus violines. Y esta información es la que me animó a adentrarme por ese terreno
Confieso que me costó arrancar. No terminaba de creérmelo y se me hacía imposible que estas 2 piezas del puzzle pudieran encajar
Pero encajaban. Me di cuenta en cuanto comencé la investigación
Y los resultados son los que publico en esta web.
Puede que haya quien no me crea lo que estoy diciendo. Es normal, yo tampoco lo haría si no lo compruebo personalmente.
Les invito a hacerlo:
Dibujen el plano solsticial de Cremona a tamaño real.
Impriman una transparencia del dibujo y colóquenla sobre fotos a tamaño real de planos de instrumentos de Stradivari.
Hablo de instrumentos suyos con medidas tradicionales, como pudiera ser el “Cremonese”, por ejemplo
El lado mayor del rectángulo sobre la anchura máxima superior de la tapa.
El lado del triángulo equilátero inscrito en el círculo, sobre la anchura máxima inferior de la tapa
Y en el epicentro del triángulo, el centro del ojo de las volutas de sus violines, violas y chelos
Evidentemente, esta información no es para los violinistas. Es para luthiers, o por lo menos para los luthiers que quieran tirar del hilo de lo que estoy diciendo para concretarlo en sus diseños. Se trata de que una vez conocidas y entendidas las reglas de juego, es cuando se puede jugar
Es decir, que es razonable pensar que los luthieres podemos empezar a liberarnos de los ya casi 3 siglos haciendo los mismos violines
Existe un rango de latitudes en el mundo con las que se puede trabajar perfectamente dentro de las resonancias características del violín. Del mismo modo que otras ideas pudieran generar otras geometrías que también sean operativas para hacer violines
En mi caso lo que hice, fué que un día me di cuenta de que la latitud de Bilbao, la ciudad donde he nacido, me permite trabajar con una proporción de 1´5, en lugar de 1´47 de Cremona.
Y 1´5 es la proporción de la quinta justa, es decir, del intervalo con el que se afina el violín.
Así que utilicé esta medida para diseñar un violín. Así de simple
Y lo cierto es que estoy encantado con el resultado y con los comentarios de los violinistas que lo han probado. Efectivamente, trabajar con otra latitud, genera toda una serie de medidas diferentes a las habituales. Desde la voluta hasta la anchura del puente. Pero el sonido es de violín, y al menos para mí, con una riqueza tímbrica y una amplitud superior a la habitual al tratarse de un instrumento nuevo.
La cuestión de que si algún día conseguiremos o no superar el sonido de los Stradivarius, no debería hacernos perder demasiado tiempo a los luthiers, o ser un obstáculo que termine restringiéndonos la creatividad